
Buscando información sobre la historia de los Bonzer y la de sus creadores, los hermanos Campbell, llegué hasta este interesantísimo artículo en el que se narra la historia de estos flotantes. Vaya por delante que poco o nada sabía yo de esas tablas hasta hace poco.
Los hermanos Campbell licenciaron su diseño a Bing para lograr una mayor difusión de su idea. Aunque las cosas fueron bien al principio, el proceso que Bing utilizaba para hacer los cóncavos de los Bonzer cambiaba ligeramente el diseño original creado por los hermanos Campbell.
Los cóncavos de los Bonzer originales de los Campbell requerían volver a shapear los cóncavos a mano una vez terminado el primer shapeado, algo que Bing en aras de la “homologación”, la venta en masa, no estaba dispuesto a aceptar. El problema es que como estaban atados por contrato no lo pudieron evitar.
Me parece genial saber que los Campbell siempre pusieron su diseño a disposición del resto para que, basándose en el diseño original y siempre que se mencionase que la fuente del trabajo eran ellos, el diseño se pudiese mejorar dando libre acceso a la fuente original.
Pura ética hacker en versión surfera. Un programador crea un programa brillante y comparte el código fuente con el resto de programadores para que el resultado del trabajo “derivado” resulte en una mejora de la idea inicial. Desgraciadamente el trabajo de los Campbell fué copiado sin recibir ningún crédito hasta años después.
La escala global en la que nos movemos demanda productos, sistemas, procesos, tablas, younameits “homologables”, marketizables a gran escala. Sin embargo y aunque aun vivimos en una sociedad en la que hemos pasado de la fábrica a la tienda, creo que poco a poco iremos echando de menos recorrer el camino inverso, volver de la tienda a la fábrica.
(Para entender la filosofía de los Campbell, leed este artículo-entrevista sobre los Campbell en The Surfer´s Path. Las fotos de este post están sacadas de ahí).

Hay aficionados que se juntan para ver la carrera de Alonso de madrugada en un cine de Oviedo, ven el partido de Nadal de madrugada en un bar, el de la selección de fútbol en Corea,…¿Pero y para ver competir a Aritz en el otro lado del globo a las tantas de la madrugada?