Así es como me siento después de leer “Let my people go surfing” (dejad que mi gente haga surf), la biografía del fundador de Patagonia Yvon Chouinard.
El mundo necesita de utopías que nos inspiren, nos guíen y nos hagan cambiar porque de lo contrario, somos seres que nos acomodamos fácilmente y nos resistimos al cambio. Necesitamos alegatos como el que ha escrito Yvon Chouinard que nos hagan creer que “un mundo mejor” es posible.
Hay que apoyar a las empresas que organizen el trabajo por objetivos, no solo a las que priman “meter horas”. Empresas que construyan no solo entornos de trabajo pensados para las personas sino que además, apoyen a las mujeres y padres que quieran compaginar trabajo y familia.
¿Cómo puede una empresa retener a gente brillante si no potencia su creatividad y permite que compagine su vida personal con su trabajo? ¿Solo con dinero? Posiblemente, pero no estoy seguro de que sea un caballo ganador a largo plazo.
A medida que nuestra sociedad “se desarrolla” cada vez trabajamos más con la “materia gris” y el ordenador y menos en otros trabajos más manuales, muchos de los cuales, serán trasladados a India, China y otras naciones emergentes que quieren, están deseosas, de hacer el trabajo “sucio”. Entiendase sucio como de menor valor añadido o mayor daño medioambiental, no como lo que querría decir un inspector de la antigua KGB.
No soy ningún escéptico de las políticas de cuidado del medioambiente que defiende “Let my people go surfing”, al contrario, tenemos que exigir el respeto por el medioambiente a nuestras empresas y gobiernos además de aplicarnos el cuento en la medida que podamos.
Sin embargo, pienso que siempre habrá alguien que quiera subcontratar contaminando más si lo que se le ofrece es hacerlo más barato, más rápido y poco a poco también, con una calidad mayor.



