
Aunque suena a broma no es para reirse. Según informó recientemente el Santa Cruz Sentinel, este verano los visitantes de una playa californiana asistieron atónitos a una protesta de un grupo de surfistas contra esta escuela de surf cuyo dueño es el mítico surfista Richard Schmidt.
Los manifestantes reclaman que la autoridad competente regule las escuelas de surf y los surf camps ya que, según los surfistas, debido al aumento del número de novatos en el agua la peligrosidad para hacer surf en algunas zonas de la playa ha aumentado de manera alarmante.
“Alguien habrá de regular esto” reclama Brian Waters, el portavoz de los surfistas. A pesar de que la escuela de Schmidt ha reducido sus alumnos a la mitad y muchos monitores dijeron que se irían de Pleasure Point, los surfistas no quedaron satisfechos.
Tienen pensado apoyar una propuesta de ley y enviarla al Congreso para que el estado limite el número de alumnos por profesor y el número de “empresas” de este tipo que operan en las playas.
A mi esto me parece una idea sensata. Cada playa es un mundo y no puede haber las mismas escuelas de surf en una playa que tiene 2 kilómetros de costa y varios picos que en una que tiene 200 metros y donde la rompiente está muy concentrada.
Además hay que controlar el instrusismo como en el caso que comentaba Chikote de Cádiz donde “un fulano se dedica a alquilar a diestro y siniestro tablones a gente sin experiencia desde su furgo”.
Por otro lado, es importante velar por la seguridad de los alumnos y obligar a las escuelas de surf a impartir un temario básico: primeros auxilios, nociones básicas sobre las playas y las corrientes, etc. Desconozco completamente si en España existe alguna regulación sobre este tipo de actividad.
A los surfistas no nos queda más remedio que convivir con las escuelas y campamentos de surf igual que los bañistas tienen que convivir con los surfistas. La playa es de todos. Afortunadamente, aquí no somos tan extremismas como en las playas de California donde hubo quema de furgonetas e intimidación a los alumnos!
Sin embargo, a medida que el número de escuelas aumenta, se hace necesario regular el número y la calidad de las escuelas de surf que operan en las playas con el fin de evitar el intrusismo y fomentar una buena calidad de enseñanza que incida en valores que van más allá de “aprender a hacer surf”.