El primer artículo de este cuaderno de bitácora de surf se titula "la dislexia" y se lo dedico a mi amigo Octavio Mazza, surfista uruguayo y diseñador de esta bitácora, que me ha enviado este maravilloso cuento de su infancia (foto vía elsurfero.com):

Aquella tarde del tímido otoño de 1977 mi madre se descompuso al recibir, de manos de su pequeño hijo de 7 añitos, una citación urgente que firmaba la maestra del infante. ¿Que había pasado?, ¿Que había hecho esa tierna criatura?. Sería bastante raro que el inocente (en ese momento de la vida) de mi hermano mayor hubiese hecho alguna travesura grave, como para citar a nuestra madre.
¿Había descubierto aquella abnegada maestra de primaria algún rastro de problemas psicológicos en mi hermano?, mi madre temblaba. Mi madre canceló todas las citas con sus pacientes ese día y acompañó a su primogénito a su Escuela. La maestra hizo pasar a nuestra madre a una de las aulas mientras el bueno de mi hermano esperaba, sentado en
un banco y hamacando sus piernas flacas, el veredicto final.
En el aula, la maestra sacaba un dibujo hecho por mi hermano, mientras le explicaba a mi madre lo que significaba la dislexia, y que le recomendaría un especialista, y que lo mejor sería, en un caso tan delicado como este, con unas bases de diagnóstico tan claras, que
buscara un centro educacional especializado.
Mi madre, para el asombro de la maestra, no pudo contener la risa. La maestra había pedido a los alumnos que dibujaran una escena de lo que habían hecho en el verano. Y mi hermano lo hizo. En el dibujo habia una playa, barcos en la arena, y gente sobre el agua, además en pleno cielo azul una luna. Mi madre tubo que explicarle tranqula y detalladamente que de vacaciones íbamos a un pequeño pueblo de la costa atlántica que se llama La Paloma. Y que en una de sus playas hay un pequeño establecimiento de pescadores artesanales y que estos, cuando no estan de pesca, suben sus pateras a la arena ya que dicha playa carece de embarcadero. -Bien, lo entiendo- dijo la maestra, -pero, ¿¡y la luna en el cielo azul!?. Todos los que alguna vez hallan mirado hacia arriba se habrán fijado que hay veces que está la luna en el cielo azul y a pleno día, y que este fenómeno sucede cuando en la noche hay luna nueva (o séa, que no hay luna).
La maestra no sabía donde meterse, toda su teoría de la dislexia en mi hermano desaparecía, y ella en vez de estar contenta por él se retorcía en su frustración. -¿Donde están esos dibujos de la casita, con el techo de dos aguas, con la chimenea sacando humito en espiral y con un sol, ¡UN SOL y no una luna en el cielo!?- pensaría. Pero había algo más en el dibujo, una prueba irrefutable de la teoria de aquella irritada mujer. –¿Y esto?- dijo, levantando algo la voz y apretando fuerte el dedo índice sobre aquella gente caminando en el mar. Mi madre miró el dibujo y luego la miró a ella, sonrió, suspiró…y le explicóÓacute;e que se trataba.
A finales de los años 60 algunos jóvenes empezaron a introducir este deporte en costas uruguayas, pero no fué hasta los 80’ que se popularizó y que empezaron a haber shapers nacionales. Al principio o viajabas a E.E.U.U., o le mandabas traer alguna tabla a algún amigo que viajara allí. Luego, 10 años más tarde, podias ir a Brasil, donde ya habia varios shapers, aunque aquellas tablas no gozaban de mucha calidad. Desde 1988, cuando tome mi primera ola en una vieja Town & Country hecha trizas, al día de hoy, muchas olas he cortado, muchos golpes me he dado, pero por sobre todo he disfrutado muchísimo.
Más allá de cualquier competición y por más de que casi no me he movido de Madrid en los 3 años que llevo en España (vaya, vaya, aquí no hay playa), llevo grabado en mi ser esa sensación de profunda paz que te invade en el momento en que te paras en la tabla. Ya no piensas, eres 100% reflejos, eres parte del océano.